miércoles, 24 de marzo de 2010

Salida Saiak (Retrasos III)

El fin de semana del 27 y 28 de febrero había programada salida de Saiak, con el fin de seguir con las prospecciones para el seguimiento de los quebrantas y las águilas reales.
Pero un capricho de la meteorología, dejó en suspenso si podría llevarse a cabo o no. La “ciclogénesis explosiva” como la llaman los meteorólogos, se aproximaba y amenazaba con viento y lluvia a cascoporro. Para aquellos que lo recuerdan, el pasado año y por estas mismas fechas, arreció el norte de la península mandando tierra adentro aves típicamente pelágicas, como las gaviotas tridáctilas. Peor suerte corrió el sur de Francia, ya que el temporal destrozó bosques enteros en las Landas. El caso es que los servicios de meteorología españoles daban avisos a diestro y siniestro, de que el fin de semana y especialmente el sábado, iba a ser de traca maripili, mientras que los franceses casi no hablaban del tema, más que como una vulgar tempete.
Así que como unos machotes (e incoscientes diría yo), nos echamos al monte. La primera parada fue el aporte semanal de alimento para el quebranta, consistente en una caminata con unos cuantos kilos de huesos a la espalda con el hándicap del viento, que para entonces arreciaba y dificultaba el desplazamiento.
La siguiente parada fue en las inmediaciones de uno de los nidos del quebranta (para llamarlo de alguna manera en el territorio III). El fuerte viento y la orientación del nido nos impedía poder ver nada, por lo que desistimos, y acudimos a un punto de descanso habitual de los quebrantas, para tratar de comprobar si estaban allí. Fue quizá lo peor que pudimos hacer, ya que para llegar hasta ese lugar, había que atravesar un hayedo durante unos 500 m (tanto de ida como de vuelta). Para esa hora de la tarde, el temporal se había convertido en vendaval, con una fuerza que zarandeaba los árboles de un lado para otro. Tanto, que un crujido seco nos hizo saltar del susto a Isabelle y a mí, y contemplamos incrédulos como un haya enorme caía a escasos 25 metros de donde estábamos. He visto caer muchos árboles, pero aquel en concreto, supongo que por la cercanía y porque no sabes dónde va a caer exactamente, hizo que un chute de adrenalina me recorriera todo el cuerpo. Otros dos crujidos con sus correspondientes estruendos hicieron que espabiláramos. Que llegáramos hasta el punto de observación, viéramos un buitre incubando en su nido que daba la sensación que se agarraba a la roca hasta con el pico, y que nos volviéramos sin ver ningún quebranta.
El domingo día 28, fue día de valorar los daños de la tormenta de la víspera.
Con rachas de 187 km/h en el monte Gorramendi, los daños fueron los esperables. Árboles tumbados por doquier, ramas caídas, postes y cableados cortados, tejas, tejados y chimeneas que habían volado...
Nos volvimos al Territorio III a comprobar el estado del nido del quebranta. Después de una caminata estupenda, con un tiempo difícil de creer (especialmente después del tiempo que tuvimos el sábado), pudimos colocarnos frente al nido con el telescopio. Y cual fue nuestra sorpresa al ver unas pocas ramas y jirones de lana que colgaban de la repisa... Ni nido, ni huevos, ni quebrantas...
Con el disgusto metido en el cuerpo, no pudimos hacer otra cosa más que comernos los bocatas, y prepararnos para volvernos al punto de origen, para seguir con las actividades del día.
Un Milano Real, trató de alegrarnos un poquillo el disgusto con unos vuelos acrobáticos sobre nuestras cabezas.



Una vez vueltos al punto de origen, nos desplazamos hasta el nido del Territorio II, temiéndonos lo peor, al tratarse de un nido orientado al Oeste, y habiendo venido el temporal desde el Oeste.
La sorpresa fue enorme, cuando nos encontramos a nuestro quebranta incubando tan campante, como si no hubiera pasado nada.
Una de cal y otra de arena...
Pero al menos, nos volvimos a casa con cierta satisfacción.